Visa: Más que una tarjeta, un conector global de personas

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Cuando la gente escucha el nombre Visa, la mayoría inmediatamente imagina una tarjeta de crédito o débito en su billetera.

Tal vez sea la tarjeta que usan para comprar alimentos, reservar unas vacaciones o pagar un café por la mañana.

Pero Visa es mucho más que un trozo de plástico con un logotipo.

Es el motor invisible que impulsa miles de millones de transacciones diarias. Es una empresa que ha transformado la forma en que se mueve el dinero en el mundo moderno.

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En esencia, Visa no es un banco. No emite tarjetas, no fija tasas de interés ni otorga crédito.

En cambio, Visa es una empresa global de tecnología de pagos.

Construye la infraestructura y las herramientas que permiten que el dinero se mueva de forma segura, eficiente e instantánea entre personas y empresas.

Ya sea que estés pasando una tarjeta en una tienda en Brasil o tocando tu teléfono en Tokio, hay grandes probabilidades de que Visa sea la fuerza silenciosa que hace posible ese momento.

Lo que hace que Visa sea tan notable no es sólo la tecnología que ofrece.

Es cómo se ha convertido fácilmente en parte de la vida diaria.

En un mundo cada vez más digital y acelerado, Visa se ha mantenido relevante adaptándose, innovando y nunca perdiendo de vista su misión: conectar al mundo a través de la red de pagos más segura, confiable y accesible posible.

El nacimiento de Visa

La historia de Visa comienza en 1958, cuando Bank of America lanzó el primer programa de tarjetas de crédito para consumidores dirigido a la clase media. Fue una decisión audaz en aquel momento.

Hasta entonces, las tarjetas de crédito estaban limitadas en su mayoría a individuos adinerados o eran ofrecidas por tiendas individuales.

Pero el Bank of America tenía una visión más grande: una tarjeta que pudiera usarse en todos los comercios y en todas las industrias y que estuviera disponible para la gente común.

El programa se llamó originalmente “BankAmericard”. Comenzó en Fresno, California, como un pequeño piloto.

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Al principio hubo problemas: fraude, confusión y problemas operativos.

Pero con persistencia e innovación, el programa cobró impulso. A principios de la década de 1970, se estaba extendiendo internacionalmente.

En 1976, la marca cambió oficialmente su nombre a Visa.

La idea detrás del nombre era simple y poderosa.

Al igual que una visa permite viajar a través de fronteras, la tarjeta Visa permite viajar a través de sistemas financieros. Se trataba de alcance global y libertad.

Cómo funciona Visa

Entender lo que hace Visa significa entender lo que no hace.

Visa no presta dinero. No retiene depósitos.

En cambio, actúa como intermediario, o más precisamente, como red, entre cuatro actores principales en una transacción:

  1. El titular de la tarjeta (usted)
  2. El comerciante (la tienda o negocio)
  3. El banco emisor (el banco que le dio la tarjeta)
  4. El banco adquirente (el banco que trabaja con el comerciante)

Cuando utiliza su tarjeta Visa, la transacción fluye a través de la red de Visa, que verifica la seguridad, los fondos y garantiza que todo se registre correctamente.

Todo esto sucede en segundos.

Y Visa hace esto miles de millones de veces cada mes.

Es un sistema que requiere extrema confiabilidad y confianza.

Si la red de Visa falla, no se pueden realizar compras. Ese tipo de fallo no es una opción.

Es por eso que Visa invierte fuertemente en seguridad, redundancia e innovación.

Una presencia global

Hoy en día, Visa opera en más de 200 países y territorios.

Su red, conocida como VisaNet, puede manejar más de 65.000 mensajes de transacción por segundo.

Esto es más que impresionante. Es esencial para un mundo donde la gente espera rapidez y seguridad en cada compra.

Pero la influencia de Visa no se limita a las cifras. Se trata de acceso.

En lugares donde la banca tradicional es limitada, Visa ayuda a las personas a ingresar a la economía digital.

A través de asociaciones con gobiernos locales, ONG y empresas de tecnología financiera, Visa está trabajando para llevar servicios financieros a personas que antes estaban excluidas.

Ya sea proporcionando sistemas de pago móvil en el África rural o ayudando a pequeñas empresas del sudeste asiático a aceptar pagos con tarjeta por primera vez, Visa está ayudando a construir un futuro financiero inclusivo.

Innovación a través de la tecnología

Visa nunca se ha quedado estancada. De hecho, su futuro depende de su capacidad de evolución.

La forma de pago está cambiando rápidamente. El efectivo está desapareciendo.

Las tarjetas se están volviendo digitales.

Teléfonos, relojes e incluso asistentes de voz se están convirtiendo en herramientas de pago. Visa está a la vanguardia de esta transformación.

Los pagos sin contacto, por ejemplo, alguna vez fueron una novedad.

Hoy en día, son la norma en muchas partes del mundo.

Visa jugó un papel importante para que ese cambio se produjera.

Lo mismo ocurre con los monederos móviles como Apple Pay y Google Pay, que dependen de la tecnología de Visa para funcionar tras bastidores.

Más recientemente, Visa ha estado explorando cómo utilizar la inteligencia artificial y el aprendizaje automático para mejorar la detección de fraudes.

También está invirtiendo en tecnología blockchain y explorando cómo las criptomonedas podrían algún día encajar en su red.

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Visa no teme al cambio.

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